Cambiar la bañera por un plato de ducha: lo que debes saber antes
Desagüe, pendiente, impermeabilización y tipo de plato: la parte de la reforma que no sale en las fotos del catálogo y decide si tu nueva ducha dará problemas.

Cambiar la bañera por un plato de ducha es, probablemente, la reforma pequeña más agradecida que existe: más accesibilidad, más sensación de espacio, limpieza más fácil y un baño que parece otro. Pero antes de lanzarte conviene saber qué implica de verdad — sobre todo en la parte que no se ve: la fontanería.
Lo que se hace, paso a paso
- 1. Retirada de la bañera y picado del faldón y el alicatado afectado.
- 2. Adaptación de desagüe y tomas: el desagüe de un plato va al suelo y suele requerir mover o rehacer el sifón y la pendiente; las tomas de agua cambian de altura si pasas a grifería empotrada o de columna.
- 3. Impermeabilización de la zona — el paso que separa una ducha bien hecha de una futura mancha en el techo del vecino.
- 4. Colocación del plato perfectamente nivelado y sellado.
- 5. Grifería, mampara y remates.
Bien organizado, es una obra de pocos días, con el baño inutilizado solo parcialmente.
Decisiones que conviene tomar antes
- Tipo de plato: los de resina/carga mineral son los reyes actuales — antideslizantes, cortables a medida y de altura mínima. La ducha de obra es la opción más flexible estéticamente, pero exige una impermeabilización impecable.
- Desnivel disponible: el desagüe necesita su pendiente. En algunos pisos antiguos hay poco recorrido y condiciona la altura del plato o la posición del desagüe: es lo primero que comprobamos en la visita.
- Grifería: aprovecha el cambio para pasar a termostática: comodidad y ahorro de agua en cada ducha.
- Accesibilidad: si la reforma es para una persona mayor, piensa en plato a ras de suelo, asiento y asidero desde el principio, no como añadido posterior.
El error clásico: mirar solo lo bonito
Plato, mampara y grifería se eligen en el catálogo; el desagüe, la pendiente y la impermeabilización no salen en las fotos — y son los que deciden si tu ducha da problemas o no dentro de tres años. Nuestro consejo de fontaneros es simple: exige saber qué se va a hacer debajo del plato, no solo encima.
¿Quién hace qué?
En esta reforma conviven albañilería y fontanería. Nosotros ejecutamos la parte de fontanería completa —desagüe, tomas, grifería y pruebas— coordinados con tu albañil o reformista, o te orientamos sobre el conjunto si partes de cero. Cuéntanos tu caso en contacto y te decimos qué necesita exactamente tu baño.
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